Cenital (desde arriba)
Para platos planos y con patrón: pizzas, tablas, bowls, arroces, desayunos. Vista de pájaro, el móvil paralelo a la mesa. Aprovecha para componer con los elementos alrededor.
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Un plato con una buena foto se pide más que el mismo plato descrito solo con texto. No es magia: es que el comensal come primero con los ojos y, cuando duda entre dos opciones, elige la que puede imaginar. Y lo mejor es que ya llevas la herramienta en el bolsillo: no necesitas un fotógrafo ni una cámara réflex para conseguir fotos que den ganas.
Te cuento lo que de verdad mueve la aguja cuando fotografías comida con el móvil —la luz, el ángulo, el fondo y un par de ajustes— sin tecnicismos y con cosas que puedes aplicar hoy mismo entre servicio y servicio.
La foto de un plato hace dos trabajos. Uno, dirige la atención: en una carta, el ojo va directo a la imagen, así que una foto es un foco que tú decides dónde poner. Dos, reduce la incertidumbre: cuando alguien no conoce un plato, verlo le quita el miedo a pedirlo. Por eso una foto apetecible en el plato adecuado empuja las ventas de ese plato hacia arriba.
El reverso es igual de real: una foto mal iluminada, con flash o de baja resolución hace que un plato bueno parezca malo, y transmite descuido. Aquí funciona la regla de siempre: si no puedes hacer una foto decente de un plato, es mejor no ponerla. Esto conecta de lleno con la ingeniería de menú: la foto es una de tus palancas para dirigir qué se pide.
Si solo te llevas una idea de todo el artículo, que sea esta: la luz importa más que el móvil. La mejor y más barata es la luz natural de una ventana, de día, sin sol directo pegando en el plato. Coloca el plato a un lado de la ventana para que la luz entre lateral: así la comida gana volumen y textura. La luz de frente aplana; la de detrás, a contraluz, puede quedar preciosa con bebidas y cosas translúcidas.
El error clásico es disparar bajo la luz de techo del local. Esos fluorescentes o halógenos tiñen la comida de amarillo o verde y matan cualquier plato. Apágalos y quédate con la ventana. Si fotografías de noche o en un sitio sin luz natural, usa un panel o un aro de luz, pero colócalo también a un lado, nunca disparando de frente, y evita mezclar esa luz con la del techo.
No hay un ángulo bueno para todo: depende de la altura del plato. Estas tres reglas cubren casi cualquier carta:
Para platos planos y con patrón: pizzas, tablas, bowls, arroces, desayunos. Vista de pájaro, el móvil paralelo a la mesa. Aprovecha para componer con los elementos alrededor.
El ángulo natural, el que ve el comensal sentado. Funciona para la mayoría de platos con algo de altura: guisos, pastas, ensaladas, carnes con guarnición.
Para platos donde la altura es el protagonista: hamburguesas, sándwiches, tartas por porción, postres en copa. Pon el móvil casi a la altura del plato para lucir las capas.
El plato es la estrella; todo lo demás está para acompañar, no para robar protagonismo. Busca un fondo neutro y coherente con tu local: una mesa de madera, una pizarra, un mármol, un mantel liso. Evita fondos con mucho ruido —servilletas arrugadas, un vaso a medio beber, el bote del kétchup— porque distraen y ensucian la foto.
Un poco de atrezzo con criterio ayuda a contar el plato: los ingredientes crudos al lado, una copa de vino que marida, unos cubiertos. Y deja aire alrededor: encuadra con algo de espacio libre, que luego agradeces al recortar para la carta, para Google o para redes. Activa la cuadrícula del móvil y apoya los elementos en las líneas o en los cruces; ordena la vista sin que se note.
Tus fotos, en una carta que se actualiza al instante
Sube la foto de un plato en Qrusty y cámbiala cuando quieras sin reimprimir nada. Añade fotos solo a los platos que quieres impulsar.
No hace falta modo profesional ni conocer aperturas. Con cuatro gestos de la cámara normal vas sobrado:
Pulsa en la pantalla sobre la parte del plato que quieres nítida (normalmente el ingrediente principal, primer plano). El móvil enfoca ahí y ajusta la luz a esa zona.
Tras tocar para enfocar, desliza el dedo arriba o abajo para subir o bajar la luz. Bájala un poco si la parte más clara del plato se ve quemada; es preferible que respire.
El flash aplasta la comida y crea reflejos feos. El zoom digital pierde calidad: en vez de hacer zoom, acércate tú con el móvil.
Suena tonto, pero el móvil vive en bolsillos y manos grasientas. Un pase con un paño antes de disparar quita esa neblina que resta nitidez.
La edición remata la foto, pero con mano ligera. Con el editor que ya trae el móvil basta: endereza si la mesa quedó torcida, recorta para centrar el plato, sube un poco el brillo y el contraste y, si hace falta, ajusta un pelín la calidez para que el color se parezca al real. Treinta segundos por foto.
La línea roja son los filtros exagerados. Una foto hipersaturada o con un tono de moda queda muy vistosa en la carta y luego decepciona en la mesa, porque el plato real no se parece. Y un cliente que siente que la foto le prometió otra cosa es una mala reseña esperando a pasar. La foto tiene que ser tu plato en su mejor día, no otro plato.
El error más común es querer fotografiar toda la carta. Si cada línea lleva foto, ninguna destaca y la carta pierde elegancia. La foto es un foco: úsala con intención. Prioriza los platos estrella (los que más se piden y más margen dejan), los que quieres impulsar y los más vistosos.
Cuidado con los platos que fotografían mal por naturaleza: cremas y purés (parecen todos iguales), guisos marrones, platos con salsa que se enfría y forma nata. Si un plato bueno no luce en foto, es más rentable venderlo con una buena descripción que con una imagen regular.
Una ventaja de la carta digital es que puedes ir probando: pon foto a un plato, mira si se pide más, y ajusta. Cambiar o quitar una imagen es inmediato y no cuesta una reimpresión.
Coloca el plato cerca de una ventana con luz natural indirecta. Apaga las luces de techo del local para que no mezclen tonos anaranjados con la luz de la ventana.
Limpia el borde del plato, coloca bien los ingredientes y añade un toque final (una hoja fresca, un hilo de aceite). La cámara amplifica cualquier descuido.
Cenital para pizzas, tablas y bowls; a 45 grados para platos con altura; frontal casi a ras para hamburguesas y postres en copa. Prueba dos y quédate con el que da más apetito.
Toca la pantalla sobre el punto principal del plato para fijar el foco y baja un pelín la exposición para que no se queme la parte más clara. Activa la cuadrícula para encuadrar.
Haz seis u ocho tomas cambiando ligeramente altura y ángulo. Es gratis y luego eliges. La mejor foto casi nunca es la primera.
Sube un poco brillo y contraste, endereza y recorta. Nada de filtros saturados que cambian el color real del plato: el cliente tiene que reconocer lo que le llega a la mesa.
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